lunes, enero 17, 2011
Diluvio
Poco antes de que sonara la alarma se despertó. Un viento tormentoso agitaba la casa donde estaba pensionado. La puerta de la habitación, que daba a la calle, se mecía con el viento chocando con el marco, marcando un ritmo, que era acompañado por el repiquetear de las gotas en la ventana y el silbido del viento en el zinc. Frotóse los ojos con las manos empuñadas y apretó su lengua seca contra el paladar, acumulando la poca saliva que tenía. Invadiólo un sabor agrio y ácido.
"Hueón, te tomaste esa hueá al seco, era puritano."
Vómito. Respiró profundo, no tenía caña (forzar el vómito de un pistolazo en la boca tenía sus ventajas). Cuando intentó descobijarse con su mano izquierda sintió una fuerte punzada.
"Seis puñetazos a la pared. Hueón, Velásquez qué onda, qué te pasa. Déjenme."
Tenía los nudillos raspados y el borde exterior de la mano mostraba un tono morado acompañado de hinchazón. Catalina. Un vacío en el pecho. Sobóse la cara y cerró los ojos con fuerza, presionándolos con sus párpados.
"Adrián (le gustaba llamarlo por su segundo nombre) en verdad contigo soy yo, soy pura, puedo hablar toda mil horas, de mil hueás, y pasar momentos que no puedo pasar con nadie. Me siento segura y auténtica."
Un enérgico Manuel García interrumpe sus pensamientos, avisándole que lo llaman mientras canta "la Gran Capital", este era su primer invierno en Santiago, había entrado a segundo año de sicología en la Chile. El primer año lo hizo en Concepción. Gracias a que había rendido una buena PSU (el NEM lo había cagado, cuando quiso estudiar en Santiago) y a sus buenas notas, logró cambiarse a la universidad de sus sueños. Esa canción le recordada de dónde y a qué venía.
-Aló.
-Velásquez, hueón vente al toque al café, se va a llenar de gente, llega una gira a desayunar.
-Ya voy, hueón'o.
"Y la dura que eres un hueón la raja, y junto a ti soy. Y si he tomado esta decisión es por mí, no por cagarte, no es que no haya pensado en ti, pero es por mi futuro. No me arrepiento, lo que hice lo hice decidida. Si quieres odiarme ódiame.
María José, dispara rápido, por la cresta."
Levantóse para ir al baño. Abrió la llave de agua helada, desnudóse y entró. Sin secarse se metió en la cama y se quedo mirando al techo. Se vistió, un bluyín claro, un polerón gris, polera conchoevino, y sus zapatillas negras. Salió a la calle, encendió un cigarro y prendió su emepetrés. Llovía, gruesas gotas estallaban contra el cemento, multiplicándose
"Uso la F de FAUNO, formó F-U-M-O, 26 puntos, porque la palabra vale por dos ¿terminamos de jugar y nos vamos al carrete?, pregunta María José, sumando los puntos que llevaba en el Scrabble.
D-I-L-U-V-I-O aprovecho la O de FUMO, y con esta T, escribo TÚ, son como 50 puntos sólo por gastar mis siete fichas.Gané, dice sonriendo.
Las gotas lo golpean, lo abrazan, lo limpian, recorren su cara, atraviesan su pelo, y bajan besándole el cuello para evaporarse en su pecho. Untan su mano, la enfrían en rol analgésico, sanan las raspones.
"Seis puñetazos a la pared. Huéon qué onda, lo siguen sus amigos. Me voy. Sale del quincho donde carreteaban, pasando a llevar a la multitud, alguien cae. Derrama el vaso de algún idiota con polera Maui. Adrián, a dónde te vas cálmate. La mano de ella, aferrándose a su polerón, frenándolo, esa mano la misma qué... Se le hacía insoportable. Déjame, sale por el portón, comienza a correr a escapar, ella le pisa la sombra. Se apoya en un auto, apenas se puede tener en pie, el pisco lo había invadido de golpe. Hueón, por favor cálmate, cómo te vas a ir así. La mira. Hueón cómo no puedes entender que es mi decisión ¡mi puta elección! Simula una pistola con su mano, no te quiero ver nunca más, dice mientras se mete dedo corazón e índice en la boca. Ella se aleja pero el vómito igual le alcanza los pies."
La lluvia traspasa su polerón, le moja la piel. Su polerón comienza a diluirse, a caer en gotas que se convierten en ceniza al rozar el suelo. El viento sopla desintegrando su polera que mancha de vino el cemento. Su zapatos se hunden en concreto, deshaciéndose, dejando huellas profundas colmadas de café hirviendo. Sus pantalones y su ropa interior se derriten para caer al suelo convertidos en agua que se evapora al contacto con el suelo. Sus audífonos se despiden escupiéndole el primer verso de Ojalá. Desnudo, su cuerpo recibe cada gota que cae, dejándolas quemar como ácido. Se detiene y mira al cielo.
"Aborté."
La lluvia penetra cada centímetro de su cuerpo que se desvanece en miles de gotas que danzan con el viento.
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me gusta, aunqe podrías hacerlo más largo. En volá cumple su objetivo. Bueno el cuento, como siempre.
ResponderSuprimirA mi gustar :B. Ves que sabes escribir. (fefa)
ResponderSuprimiraunque odies los halagos, puta el hueón seco.
ResponderSuprimiryo.
yo= pau lonkon (: